Este articulo es original de Jonatan Lipner y fue publicado por primera vez en Linkedin.

¿Cómo se vuelve práctica la Realidad Aumentada? ¿De qué manera conseguimos que la tecnología forme parte de la cotidianidad del mundo contemporáneo? ¿Qué hace falta para que las industrias y los consumidores se vuelquen a su uso y no puedan entender cómo hacíamos para vivir sin ella? Mientras el mercado se satura con aplicaciones tan amistosas como superficiales, que se quedan en el “efecto WOW”, las preguntas claves quedan resonando. Para que la Realidad Aumentada se imponga hace falta contestarlas.

Lo cierto es que las posibilidades de una tecnología están circunscriptas a cuáles son el hardware y el software disponibles en el momento presente, y a la precisión para determinar cuál es la dirección correcta en la que deberían avanzar. En el caso de la primera pregunta, huelga decir que la Realidad Aumentada todavía no cuenta con el hardware definitivo: si bien ya han aparecido los dispositivos pioneros, aquellos que están pavimentando el camino para el público general, la tecnología sigue pasando por los smartphones. Y mientras se mantenga así, seguiremos en la Prehistoria de la Realidad Aumentada. El software, en ese sentido, está al servicio de las aplicaciones más superficiales.

La segunda pregunta es tan compleja como estimulante. Pensar un hardware es pensar un uso, establecer una visión. Es determinar qué es lo que queremos que hagan los usuarios, y cómo. No hay dudas de que la única manera de que la Realidad Aumentada pueda establecerse es si resulta lo suficientemente natural como para no poder separarla de nuestra propia vista. En ese sentido, los smartphones la encapsulan, la reducen a una mera feature; las gafas, por el contrario, la vuelven el punto central. Y justamente de eso se trata: la Realidad Aumentada y la Realidad Mixta deberían ser, en realidad, plataformas, la base desde la que realicemos todas nuestras actividades.

Ya se están dando los primeros pasos en esa dirección. Las iniciativas del Mirrorverse, el plan para construir un duplicado virtual del mundo real que pueda ser controlado a través de IoT, le están dando forma a un espacio que va a necesitar quiénes puedan verlo y sacarle provecho. En ese sentido, las gafas de Realidad Aumentada se convierten en indispensables para tener una relación simbiótica con este mundo virtual paralelo. No basta con mirar a través de una ventana: necesitamos experimentarlo como si fuera con nuestros propios ojos.

Ahora bien, si establecemos que el punto fundamental pasa a través del hardware, que las guerras por venir serán las de los fabricantes de gafas, ¿qué pasa con la experiencia que estas van a ofrecernos? Sin dudas, la oferta debe dejar de estar fragmentada: para que la Realidad Aumentada prospere, el ecosistema no puede estar compuesto de millones de pequeñas aplicaciones intrascendentes. Es necesario que la tecnología encuentre otras formas de mostrar su contenido, que se apropie de los avances del Machine Learning y el Image Recognition, que baste tan solo con ver un objeto para que este nos muestre información. Que reconozca no solamente lo que vemos, sino también cómo lo vemos, para que podamos empezar a hablar del próximo paso en nuestra evolución como especie: la mente aumentada.

Continuará…

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